miércoles 27 de enero de 2010

Efecto Doppler


Cuando Christian Doppler escribió su Über das farbige Licht der Doppelsterne und einige andere Gestirne des Himmels probablemente no era consciente de que había redactado algo que servía lo mismo para un roto que para un descosido. Esta monografía da explicación, entre otras cosas, al aparente cambio de frecuencia de una onda producido por el movimiento de la fuente respecto a su observador, fenómeno que todos hemos observado, por ejemplo, cuando el agudo timbre de una sirena de ambulancia pasa a ser más grave una vez que ésta nos ha rebasado.

Los políticos, agrupaciones de átomos de carbono al fin y al cabo, no están exentos del sometimiento a las leyes del universo; ni ellos ni lo que dicen. Así, no es difícil encontrar en los discursos de este grupúsculo de la sociedad ejemplos de fenómenos naturales. Y entre ellos, por supuesto, existen evidencias del efecto Doppler. En efecto, todos ustedes recordarán que tras la triste desaparición de Marta de Castillo, de la que se cumple en estos días un año, fueron varios los políticos que saltaron a la palestra solicitando y dando argumentos a favor de la cadena perpetua. Estas voces fueron creciendo hasta alcanzar su punto crítico, momento en el que comenzaron a atenuarse hasta desaparecer. Pero aquella ambulancia que parecía que se alejaba no ha hecho más que dar la vuelta a la manzana, y aquí tenemos otra vez la sirena. ¿Cuántos días tardaremos en escuchar de nuevo su sonido agravado por el efecto Doppler?

Post scriptum: Cuando el efecto Doppler se produce en ondas lumínicas se conoce como corrimiento al rojo. Nada que ver con este asunto, como ustedes comprenderán.

viernes 1 de enero de 2010

Belén sí, Belén no


Es lo más normal del mundo que en una mesa en torno a la que se reúne un nutrido grupo de personas de las ideologías más dispares surja algún tipo de debate. Y si además la reunión tiene lugar para una cena con la que se ameniza la llegada del nuevo año, se pueden hacer ustedes una idea del punto que alcanzan los ardores de los enfrentamientos dialécticos.

Pues bien, anoche tuve la suerte de compartir mesa con otras dieciocho personas y, como era de esperar, se abordaron distintos temas desde diversos puntos de vista. Dio comienzo la tertulia cuando un primo mío se declaró loperista acérrimo, provocando el enfado del resto de béticos presentes y las carcajadas de los sevillistas que allí nos encontrábamos. Eso fue sólo el principio porque, como ocurre en todas las cenas de nochevieja, a la gente se le fue calentando el pico con la ingesta de etílico, teniendo como resultado que a medida que transcurría el festín los temas que se trataban fueran cada vez de mayor calado y se entrara en ellos con más profundidad y mayor lucidez intelectual.

Finalizando la cena nos encontrábamos cuando surgió el debate más apasionado de la noche, con un tema muy propio para estas fechas: Belén sí, Belén no. Por un lado, el sector "Belén sí", teniendo como máximo exponente a la madre de la anfitriona; por otro, el sector "Belén no", encabezado por uno de los yernos de ésta, a la sazón marido de la anfitriona. Tan reñida estuvo la cosa que hubo de ser necesaria una votación para aclarar el asunto. Por fortuna, el resultado de la misma (10-9) dio al traste con las malvadas intenciones de los belenistas y nos permitió comernos las uvas acompañados de la encantadora Anne Igartiburu. Por cierto, hay que ver el frío que le hicieron pasar a la pobre... aunque en el fondo millones de españoles estamos tremendamente agradecidos.

Post scriptum: Las frutas y yo no nos llevamos muy bien. Por ese motivo tengo la costumbre de acompañar las campanadas con gambas o con aceitunas. Anoche, por encontrarme en casa ajena, no pude arreglármelas para reservar una docena de alguna de esas viandas así que me vi obligado a seguir el ritual con unos cacahuetes, vulgo arvellanas.

martes 29 de diciembre de 2009

Listas


Lista de contactos. Lista de la compra. Lista de recados. Listas... listas y tontas.

Se mire por donde se mire, estamos rodeados de listas. Por si no teníamos ya suficientes, aparecen en estos días que invitan a hacer resumen de lo acontecido en los últimos doce meses cientos de publicaciones elaborando sus propios inventarios, enumerando en ellos a modo de letanías los acontecimientos más importantes del año (o de la década, que todavía hay por ahí quien no se ha enterado de qué va la película); o a los deportistas mejor pagados, o a las modelos más cotizadas, o los libros más vendidos, o las películas más taquilleras, etc. La dichosa manía de etiquetarlo todo.

Estas listas de temporada me parecen insulsas, desabridas, insustanciales y anodinas, aunque entiendo que con algo se tiene que rellenar el papel en una época en la que la actualidad se reduce a poco más o menos que hablar de los belenes, de las uvas, de los regalos y del mal tiempo.

A mí la única lista que me interesa es la de cosas que habría que erradicar.


jueves 24 de diciembre de 2009

Ciclos


A cada noche la mata un día. Después del corriente siempre viene otro mes. Se queman las hojas del almanaque de la cocina. Ya es primavera en el Corte Inglés.

Y vuelta a empezar.


Cuando Heráclito dijo que uno no puede bañarse dos veces en el mismo río olvidó mencionar que, además, se contarían por decenas las ocasiones en las que se acudiría al mismo cauce; y si no, ya se encargaría el cauce de acudir a uno mismo, exactamente igual que en aquel asunto de Mahoma y la montaña. Es posible que logremos escapar a esta maldición en nuestro quehacer diario o en el cuaderno de bitácora de nuestra propia experiencia vital pero para lo que no recibiremos ningún indulto, a poco que estemos en un lugar del globo donde se haya desarrollado alguna cultura o que en otro lugar no seamos capaces de desligarnos de la nuestra, será para el rodar del calendario y la sucesión de celebraciones que le hemos ido adosando con el paso de los años, versión local y sarcástica del eterno retorno de Nietzsche.

Alrededor del solsticio de invierno y de la llegada del nuevo año se han instalado sendas celebraciones. El que más y el que menos, creyente o no, tiene algo que celebrar o, al menos, nota la presencia de ese aura festiva que emana de algún lugar indeterminado. A muchos les reconforta verse invadidos por ella. Otros tantos, sin embargo, realizan grandes esfuerzos para ser contagiados. Otros, en algún momento abandonamos la idea de mostrarnos felices y dicharacheros única y exclusivamente porque así lo manda un trozo de papel con números rojos y con números negros que cuelga de la pared. En mi caso, no sé si fui yo quien la abandonó o si fue ella quien me dejó plantado. De todos modos, la Navidad siempre me pareció una de las épocas más tristes del año. En lo único en lo que pienso cuando la descubro acechando a lo lejos es en firmar con ella un acuerdo mutuo de no agresión.

Feliz ciclo.

lunes 21 de diciembre de 2009

Los grises



Leí en cierta ocasión que antes se corría delante de los grises mientras que ahora, sin embargo, se hacía detrás de ellos. Lo primero lo entiende todo el mundo, haya corrido delante de ellos o no. Lo segundo, lo de hacerlo detrás, describe perfectamente lo que ocurría en Sevilla cuando la Banda de la Policía Armada acompañaba a algún paso de misterio. El testigo en lo musical, en el color de la indumentaria y en lo referente a las carreras del público asistente lo tomó la Banda de Las Cigarreras, una de las bandas de cornetas y tambores más prestigiosas de la ciudad, si no la que más, por la interpretación de composiciones sacras y de piezas profanas, tal y como ocurrió en el desfile del Congreso Nacional de Bandas celebrado en Sevilla a principios de mes, donde se atrevieron hasta con temas Michael Jackson.

sábado 19 de diciembre de 2009

Tiempos modernos



Es lo que tienen los tiempos modernos, que a veces las cosas se convierten en híbridos o en eslabones perdidos entre lo antiguo o lo clásico y lo actual o moderno. El problema es que en ciertas ocasiones damos validez a muchas de ellas usando como argumentos las tendencias o modas actuales cuando en realidad se trata únicamente de comodidad o dejadez.

Sucede mucho con el género epistolar, que en poco tiempo ha visto reducida su presencia a favor de los e-mails. Nos hemos acostumbrado a recibir en los buzones de nuestras casas publicidad, facturas, citas médicas y correspondencia bancaria, y algún que otro sustito cuando el cartero dice que trae una carta certificada. Pero si no recibimos otro tipo de cartas, salvo en contadas ocasiones, es porque, en general, también en contadas ocasiones nos dedicamos a escribirlas. Y no me digan que es porque se prefiere leer una pantalla, que no me lo creo. Si fuera así, también se preferirían los libros electrónicos a los editados en papel, cosa que no ocurre y me imagino tardará mucho en suceder. Las historias y las cosas de valor prefieren el papel. Si podemos pararnos a escribir una carta, dejemos a un lado el e-mail.

jueves 17 de diciembre de 2009

Currito, dale al botoncito


Estabas sentado tan a gusto en un sillón del salón de tu casa y poniendo los cinco sentidos para no perderle el hilo al programa de la cadena de televisión local que, de forma accidental o no, sintonizaba tu aparato receptor cuando llegaba un corte publicitario y volvías a reencontrarte con Currito. No les voy a decir hasta dónde estaba yo de Currito. Entre la mascota de la Expo'92, el que se iba al caribe y el de Toldos y Carpas Quitasol (no hacía falta hacer ninguna referencia a los productos para saber a qué se dedica la empresa, ¿verdad?) aquí hemos tenido Curros y Curritos hasta en la sopa. Pero el Currito de Quitasol tenía su gracia, como todo el anuncio. A este Currito, que era un chiquillo, le ordenaba alguien que le diera al botoncito, no recuerdo ahora si para correr o para descorrer el toldo. Fíjense en la dificultad que tendría aquello de correr o descorrer el toldo que hasta a un chavalillo podían encargárselo. Fíjense en la complejidad del asunto, darle a un botón. Pues bien, hoy ha vuelto a quedar en evidencia que hay señorías del Congreso de los Diputados que no hubieran podido protagonizar aquel anuncio (ver noticia). Cada día tengo más claro por qué lo llaman también cámara baja.

Post scriptum: Lamentablemente, es largo el historial de errores en las votaciones. En este caso, más que a error, huele a euros, muchos euros.

domingo 13 de diciembre de 2009

Apología del ibérico


Hay gente que ha utilizado las dos jornadas de este fin de semana ya expirante para dedicarse a hacer apologías, para hablar de asuntos ibéricos y para ondear banderas y pancartas del mismo modo que Belmonte lo hacía para sacarle una verónica a su capote. Pues se me ha ocurrido a mí que, juntando todas esas ideas, es buena fecha también para hablar de un asunto de importancia capital. Lamento decepcionar a todo aquel que haya llegado hasta aquí esperando o deseando que en esta entrada se tratase el tema sindical o el de la consulta catalana. Lamento también decepcionar a toda aquella persona proclive a obrar como activista del feminismo más circense que, tras leer el título, haya pensado que en esta entrada se iba a enaltecer al archiconocido y cada vez más denostado macho ibérico. Nada más alejado de la realidad: aquí estamos para hablar de las cosas que son realmente importantes y es por eso por lo que me he propuesto hacer una apología del jamón ibérico, tan necesaria en estos tiempos.

Lo primero es ser consciente de que gracias al jamón ibérico podemos disfrutar de una de las imágenes más hermosas que la naturaleza ofrece a nuestras pupilas, y fíjense bien, sin necesidad alguna ni del National Geographic ni de los reportajes de la BBC. Díganme, ¿hay estampa más bella y castiza que una piara de ibéricos garbeando por la dehesa? Sí, garbeando, porque un cochino ibérico ni pasea, ni anda, ni camina, ni se desplaza; el cochino ibérico presume, gallardea, pavonea y hasta tiene bula papal para rozar el fanfarroneo con la soberbia cadencia con la que planta en la tierra esas manitas morenas que Dios le ha dado.

Después de ese paseo entre encinas, normal que se le haga a uno la boca agua. Y para saciar el apetito, nada mejor que el jamón, naturalmente. Encontramos en él una fuente de zinc, fósforo, hierro y vitaminas varias, sirviendo además para reducir el colesterol, controlar la tensión arterial y minimizar el riesgo de trombos. Un botiquín en toda regla. Eso sí, si se consume con mesura, pues todos estos beneficios se pueden revertir si tenemos la feliz idea de meternos entre pecho y espalda tres kilos y medio de jamón de una sentada.

Llegados a este punto, no podemos obviar ni olvidar lo que el jamón ibérico significa para la gastronomía. Combina bien con otras carnes, con pescados, con verduras y con legumbres. Nos lo podemos encontrar en un salmorejo o en un consomé, en una ensalada o con melón, en unas croquetas o con champiñones, con habas o en unas brochetas y, en definitiva, en multitud de platos de cualquier cocina que se precie, ya sea amateur o profesional, desde en lonchas o en tacos hasta en el manjar más elaborado. Fíjense en cómo cambia un buen jamón un plato que con sólo añadir unas lonchas al pa amb tomàquet catalán obtenemos una peazo tostá de aceite, tomate y jamón que quita el sentío. No es que no me guste el pa amb tomàquet ni que su sabor me resulte, como a mucha gente, similar al del pan mojado, pero convendrán conmigo que añadirle unas lonchitas de ibérico viene a ser lo mismo que ponerle la guinda a un pastel.

Hay que recordar también que el jamón ibérico forma parte de nuestra cultura: como regalo y como actor protagonista de las cestas de Navidad. Hasta en las rifas los vemos y con un éxito indiscutible. Haga la prueba. Usted se pone a rifar un televisor o una bicicleta y posiblemente le cueste un mundo vender todas las participaciones, si es que lo consigue. Ahora bien, póngase a rifar un jamón ibérico y verá cómo le quitan las papeletas de las manos.

Pues bien, resulta que hay quien dice que sobran jamones ibéricos. Con esto de la crisis ha explotado también la burbuja del jamón y están teniendo muchísima menos salida, resultando un agravante la época del año a la que nos acercamos: al disminuir el número de cestas de Navidad disminuye también el número de jamones que salen de los secaderos. Esto lleva a que haya una cantidad ingente de jamones en stock. Quizás debiéramos decir, más que en stock, en estado de shock, porque nacer para que te degusten, tu única razón de ser, y que al final te dejen ahí colgado, literalmente, tiene que deprimir hasta al más pintado. Da igual que contrates un viaje y te regalen un jamón. Da igual que domicilies tu nómina y te regalen un jamón. Da igual que compres un jamón y te regalen otro jamón. Siguen sobrando jamones, y jamón que no se vende es jamón que no se cobra. ¿Saben qué les digo a todos aquellos que quisieron enriquecerse a costa del jamón? ¡Que con jamón se lo coman!

Yo, qué quieren que les diga, me marcho a completar esta apología del ibérico de la mejor manera que puede hacerse. ¿Gustan?

Post scriptum: Reitero que no tengo nada en contra del pa amb tomàquet. De hecho, la única vez que lo probé in situ me pareció realmente exquisito, como toda la cena de la que formaba parte (a excepción de la tortilla de patatas, que parecía una alpartaga de esparto), y así se lo comuniqué a la cocinera.

jueves 10 de diciembre de 2009

'Volare'


Tiene guasa la cosa. En la anterior entrada hablaba del guiño que hará la Sevilla a su centenario en la aviación militar mediante la portada de la Feria de 2010 y hace un rato me entero de que mañana realizará su primer vuelo el Airbus A400M, despegando desde la factoría de San Pablo. En este momento, sentimientos enfrentados: me alegra enormemente que, por una vez, mi ciudad vaya a aparecer en los medios de comunicación como algo más que la imagen sesgada que se mostraba, por ejemplo, en la bazofia que resultó cierto reportaje del programa Callejeros pero, a la vez, me invade la congoja por la fecha en la que se producirá el vuelo. Miarma, si ya llevabais tres años de retraso en el proyecto del avioncito, ¿no os daba igual esperar tres semanas para hacerlo volar en el año del centenario?

No sé si tendré la oportunidad de ver el avión en pleno vuelo. Lo que sí resulta muy probable es que, aunque sea de refilón, pueda verlo en alguna de las pantallas que van a colocar en media Sevilla para que los sevillanos seamos testigos de este importante hito de la aviación. ¿Se imaginan ustedes las conversaciones de mañana en los mercados y en las barras de los bares? “Muy bonito el avión, pero hubiera quedado mejor de grana con los alerones en albero, que para eso son los colores de la ciudad”. “Calla, mujer, que ese gris marengo del fuselaje también es muy sevillano; fíjate, si parece que va a un quinario, ¡ay!”. Yo a quien me imagino es a algún conciudadano que, movido por la curiosidad, se acerque a la Iglesia de la Magdalena a primera hora para coger sitio y a las doce de la mañana esté ya practicando el sevillano ejercicio verbal de mentar a todas las castas del Alcalde porque allí, ni avión ni nada que se le parezca, allí lo único que ha pasado ha sido frío.

Lo que más lamentaría, sinceramente, sería perderme el bautizo de la criatura. No se sabe con certeza si la ceremonia será oficiada por monseñor Asenjo (con agua bendita e incienso) o por el camarada Torrijos (con ron cubano y dos piedras de hachís). A esta hora de la tarde está la cosa así así.


sábado 5 de diciembre de 2009

Ya huele a Feria


En Sevilla las cosas se planifican con tiempo; otra cosa bien distinta es que después se sigan esos planes. Así, rara es la ocasión en la que no hay que andar a la carrera para rematar las obras o proyectos que tienen que estar finalizados para una fecha concreta sí o sí (del Nido dixit). Con los otros, ya se sabe. Entre todas esas obras cuya conclusión no puede dilatarse en el tiempo más allá de lo estipulado se encuentra, como ustedes comprenderán, la portada de la Feria. La culpa la tiene el hecho de que, como marca la tradición (tradición de verdad, no como otros eventos que adquieren dicha mención después de haber sido llevados a cabo durante un par de años), con su alumbrado se da el pistoletazo de salida a los festejos, aunque algunos, en las casetas, ya lleven en ese momento un rato poniéndose finos a base de adobo, pijotas y boquerones. Eso sí, tenemos que reconocerlo, si no fuera por esta conditio sine qua non otro gallo cantaría y a nadie le extrañaría encontrarse a unos operarios dando los últimos brochazos y colocando las últimas bombillas el mismísimo jueves de Feria.


Pues bien, fíjense en cómo de bien está planificada la cosa que el pasado martes, 1 de diciembre de 2009, se colocó el primer tubo de la portada de la Feria de 2010, quedando dicho acto inmortalizado para siempre en la instantánea que podemos contemplar sobre estas líneas. Ya veremos cuándo ponen el segundo; pero bueno, se trataba de empezar con buen pie, y a ver quién es el guapo que me dice que poner el primer tubo e irse a celebrarlo a la caseta que aparece detrás no lo es. Esperemos que todo siga con el mismo buen pie y cuando llegue abril podamos ver algo similar a esto:


Con esta portada, cuyas formas rompen los esquemas de lo que se había venido haciendo hasta ahora, se rinde homenaje al primer centenario de la aviación en Sevilla. Dicen que la de 2005, la dedicada al centenario del Sevilla F.C., ya rompió moldes, y no precisamente por la gracia de aquel bético al que se le ocurrió pintar un escudo del otro equipo de la ciudad sobre el broche del Rey San Fernando (hoy en día, para que un bético pudiera repetir aquello lo que necesitaría, más que dos andamios, sería una grúa más alta que la Giralda). En cualquier caso, volviendo al tema de la portada de 2010, no puedo hacer otra cosa más que aplaudir tanto al diseñador como al jurado que la seleccionó, por la apertura que implica el diseño, por saber mantener la identidad y la esencia a la vez que se apuesta por la frescura y la modernidad. Sevilla puede ser Sevilla sin tener la necesidad de disfrazarse de Sevilla.