6 de julio de 2011

Café café

Habría que remontarse a los primeros años de la posguerra española para encontrar los orígenes de la expresión café café. Aunque hoy la usemos para referirnos al café natural como contrapuesto a una de las variedades del mismo que podemos encontrar en el mercado, el café descafeinado, en la época en que se acuñó se utilizaba para indicar que, nunca mejor dicho, se había separado el grano de la paja, al menos en el sentido de que no se habían mezclado posteriormente. La escasez de café, cuya importación y precio de distribución estaban en manos del Estado, hacía que tomarse una taza resultara en la mayoría de los casos inviable o económicamente desaconsejable. Una solución parcial, obviando el estraperlo, fue aquella que permitía mezclar el café in situ con achicoria, malta, salvado de trigo, etcétera, solución posibilitada por el hecho de que hasta el año 1958, momento en el que se aprueba el empaquetado, la venta a granel fuera el único modo de obtenerlo. Inevitablemente, reducir la proporción de café en la mezcla para abaratar el producto llevaba consigo una disminución de la calidad de la misma. De ahí que se comenzara a usar la expresión café café para indicar que, efectivamente, lo que se estaba vendiendo o sirviendo era única y exclusivamente café, sin ningún tipo de añadido.

No es que uno viviera aquellos años, pero el caso es que tampoco puede evitar acordarse de lo que ha leído y de lo que al respecto le han contado sus mayores precisamente cuando comprueba que, de un tiempo a esta parte, las tazas de café llevan más espuma que las copas de cerveza. No voy a decir que ocurra en todos los bares y cafeterías, pero sí me encuentro en condiciones de afirmar que en una inmensa mayoría de este tipo de establecimiento se está convirtiendo en una práctica habitual. Donde antes ponían achicoria, malta o salvado de trigo ahora aparecen miles de burbujitas que completan lo que da de sí una taza (en caso en que ésto ocurra, que ésa es otra) y cuyo contenido en aire estamos pagando al mismo precio que pagamos el café y la leche. Y no es sólo por el precio, que también, es el hecho de que se acabe cuando no ha hecho más que empezar. Antes, por ejemplo, con un café había tiempo de echarle un vistazo a todo el periódico. Ahora, ya puedes darte con un canto en los dientes si llegas a la sección de economía. E igual con la radio. Antes, se podían escuchar tres o cuatro canciones completas. Ahora, vas por la segunda y ya estás mirando la taza por debajo para ver por dónde se ha escapado el café.

Entiendo que la situación económica no es la mejor de las posibles y que la alternativa consistiría probablemente en una subida de los precios, pero a mí no me importaría pagar unos céntimos más y, en vez de tomar un café espumoso, tomar un… café café.

Circumspictios

  1. Es lo que tiene la crisis, que ya se recorta de donde sea.
    Un abrazo.

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  2. Mira que soy cafetera, y lo que siempre echo de menos cuando salgo al extranjero es nuestro "café café"... Aún con espuma, en pocos sitios se hace mejor el expreso. Pero estoy contigo... el café solo ahora es una miniatura.... a media mañana no me da ni para levantar media legaña!

    Susana

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  3. Desde hace mucho tiempo y para evitar sorpresas solo tomo descafeinado de sobre, a ser posible Saimaza o Nescafé.
    No sé si será mejor o peor, pero al menos tomo siempre lo mismo.
    El café, o cualquier otro similar: infusiones, colacao, etc, se ha convertido en la mayor estafa que nos hace día a día la hostelería.
    Saludos.

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  4. El mejor, el de mi cafetera italiana. Me pego unos chutes de muerte (de café, se entiende).
    Un abrazo.

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  5. Sí, RAMPY, y a eso iba: a mí no me importa pagar unos céntimos más, pero que no me pongan tres quintos de café y me lo quieran cobrar entero.

    Un abrazo.

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  6. Sí, Susana, microcafés. Y no se enteran de que con ellos reducen nuestra dosis de cafeína...

    Saludos.

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  7. Veo que te cuidas, Rafael. Yo voy alternándolos, y, en descafeinados, me quedo con Nescafé. Lo que de verdad no me llama la atención es el descafeinado de máquina.

    Saludos.

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  8. Pues, verás, Lakacerola, sé de algunas máquinas que no tendrían nada que envidiarle a tu italiana (risas).

    Un abrazo.

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