14 de julio de 2011

Centro de interpretación

Teatro de la romana Itálica.
No ha pasado mucho tiempo desde que en el imaginario colectivo se produjo una pequeña modificación relacionada con el concepto que se tenía acerca de los centros de interpretación, hasta entonces inmuebles o construcciones dotadas de espacios en los que se adivinaba un escenario y una suerte de patio de butacas desde donde el público asistente seguía con más o con menos atención la interpretación de la obra dramática o de las piezas musicales que sobre las tablas tenía lugar. El caso es que, hoy en día, cuando se habla de centro de interpretación se está haciendo referencia, además, a un edificio dotado de un equipamiento cultural cuya función principal es la de promover un aprendizaje creativo, buscando revelar al público el significado del legado de los bienes que en él se hayan depositados.

Desde esa óptica, es fácil conjeturar que los centros de interpretación son extensiones a un ámbito cultural o más generalista de la idea que subyace, por ejemplo, en los museos científicos interactivos del prohibido no tocar, llegados a España de la mano del divulgador Manuel Toharia y en los que la esencia no reside meramente en los elementos mostrados sino en la forma de interactuar con ellos y de acercarse así a la comprensión de los fundamentos de los que derivan sus propiedades. En este sentido, el de la interacción, y recordando la grata impresión que me causó la visita a la Sagrada Familia, he de reconocer que el pellizquito me lo llevé cuando me vi jugando a trazar hiperboloides en el espacio del mismo modo que en un tiempo pasado los trazara el propio Antonio Gaudí.

Rectas creando la curvatura de un hiperboloide.

Lo cierto es que esta conjetura queda refutada, al menos parcialmente, en el momento en que se considera el variopinto acervo al que se erigen tamañas instituciones. Entre ellas encontramos, por ejemplo, el Centro de Interpretación de la Mística, el Centro de Interpretación de las Estepas del Valle del Ebro o el Centro de Interpretación del Queso Idiazabal, y no sigo porque la lista se haría interminable. Ciertamente, busco un motivo que justifique la existencia de estos centros y no atino a dar con él sin antes pisar el tapiz del panorama político. Y es que estos entes, tal y como ocurre con las empresas públicas, son usados en su mayoría para colocar a dedo a personal de confianza. Es más, se intenta sacar de ellos algún tipo de rendimiento político incluso desde antes de que existan como tales, esto es, cuando entran a formar parte de un programa electoral después de que al candidato de turno se le ocurra la feliz idea de que regalarle el oído al electorado alabando uno de los elementos de su entorno o de su idiosincrasia de los que más orgulloso se siente puede reportarle un buen puñado de votos, básicamente lo que sucedió en Sevilla cuando Juan Espadas prometió el Centro de Interpretación de la Tapa.

Llegados a este punto, si piensan ustedes que ya saben todo lo que hay que saber sobre los centros de interpretación, he de decirles que están equivocados. No se preocupen, es muy frecuente pensar que está todo bajo control cuando, de repente, alguien da otra vuelta de hiperboloide. En esta ocasión nos llega desde Bélmez de la Moraleda, donde, con una inversión cercana al millón de euros (fondos europeos, provinciales y municipales), se va a construir el Centro de Interpretación de las Caras de Bélmez.


El valiosísimo legado cultural de las caras de Bélmez.

Lo único que diré al respecto es que, puestos a levantar centros de interpretación de las fisionomías faciales de la zona, mucho más necesaria, apropiada e interesante hubiera sido la construcción del Centro de Interpretación de las Caras de Hormigón Armado.

Circumspictios

  1. Pero... ¿no se habia demostrado que todo eso de Belmes era ma falso que una moneda de quinién???

    ResponderSuprimir
  2. Más falso que un billete de tres mil pesetas, sí. Pero ya sabemos que éso nunca será impedimento para un político.

    Saludos.

    ResponderSuprimir